
Ya llegan esos días de chapuzón interior obligado, de mirar atrás sin temor de quedar convertido en estatua de sal... De tachar los últimos días del calendario, con la ilusión de tener uno completito por estrenar... De ver claramente, como espectador, lo que las escamas de pescado nos impedían siquiera notar, como protagonista...
Y me sorprende descubrir que esos huecos ya no duelen (es posible que este frío que se da la tarea de congelarme, tenga algo que ver)... Y hasta me hacen preguntar, si es que acaso existieron (teniendo una mente tan vólatil como la mía, eso es muy difícil de distinguir)...
Y me quedo con la mejor parte: saber que la vida está repleta de finales (agridulces, picantes, salados...) Toda una degustación gastronómica, que en la variedad nos deleita como el mejor de los banquetes... Que los excesos por supuesto estarán presentes, pero por incómodas que sean, las indigestiones al fin y al cabo son pasajeras...
Caminando por las calles mis ojos no paran de tropezarse con luces encendidas (son tantas que se me han metido dentro)...