
Añoradas vacaciones, pre-partida... Recogiendo aquí y allá, es inevitable tropezarse con los recuerdos... Suena una canción, encuentro algo que me escribiste (y que releo todavia con maripositas en la panza), veo tu foto, abro un libro de Benedetti y sus palabras las hago mías (expresan lo que siempre supe, lo que cerré los ojos para no ver, lo que al pensarte/pensarnos, todavía me duele)... Y no sé como llamarlo: casualidad, mala jugada o una simple coincidencia... Quizás las tres cosas y a la vez ninguna de ellas (mi ilógica verdad contradictoria)... Sea lo que fuera hoy se conjuga en pasado y el futuro cumple su condena (disfrazarse de NADA a cadena perpetua)...
"Tú lo dijiste,
nuestro amor
fue desde siempre un niño muerto,
sólo de a ratos parecía
que iba a vivir,
que iba a vencernos,
pero los dos fuimos tan fuertes,
que lo dejamos sin su sangre,
sin su futuro,
sin su cielo.
Un niño muerto,
sólo eso,
maravilloso y condenado,
quizá tuviera una sonrisa
como la tuya
dulce y honda,
quizá tuviera un alma triste,
como mi alma,
poca cosa,
quizá aprendiera con el tiempo
a desplegarse,
a usar el mundo,
pero los niños que así vienen,
muertos de amor,
muertos de miedo,
tienen tan grande el corazón,
que se destruyen sin saberlo.
Tú lo dijiste,
nuestro amor
fue desde siempre un niño muerto,
y que verdad dura y sin sombra,
que verdad fácil y qué pena,
yo imaginaba que era un niño
y era tan sólo un niño muerto.
Ahora ¿que queda?
Sólo queda
medir la fe y que recordemos,
lo que pudimos haber sido
para él,
que no pudo ser nuestro.
¿Que más?
Acaso cuando llegue
un veintitrés de abril y abismo,
tú donde estés,
llévale flores,
que yo también iré contigo".
Benedetti